Ciberataques y trampas en los eSports: cómo se protegen los jugadores de alto nivel

Hoy​‍​‌‍​‍‌ en día no hay duda de que los eSports son un fenómeno global. Millones de espectadores, los mejores equipos del mundo, grandes marcas patrocinando, brutales premios en metálico, incluso jugadores profesionales que viven de ello. Sin embargo, así como hay todo esto de positivo, los eSports también se han convertido en un campo abonado para los ciberataques y las malas prácticas. Y es que conforme al crecimiento de los eSports y el dinero que se mueve en sus torneos, también aumenta el interés de los atacantes. Los tramposos buscan aprovechar cualquier vulnerabilidad, para inclinar la balanza a su favor. El resultado: un ecosistema en el que además de entrenar su mecánica y su estrategia, los jugadores cada vez tienen que aprender más también cómo proteger su identidad y su infraestructura digital si quieren competir en igualdad de condiciones.

En un momento así, no pocos profesionales y creadores de contenido han decidido incorporar también a su día a día herramientas de seguridad. Tal y como antes incorporaban mejor hardware o conexiones de fibra, ahora adquieren sistemas de protección. Además de contraseñas complejas y doble factor de autenticación, el uso de una VPN de confianza se ha extendido entre los jugadores competitivos y streamers que desean ocultar su dirección IP. De esta forma pueden evitar que un atacante pueda localizarles y enviarles ciberataques dirigidos. Además, también pueden separar su vida personal de su vida como jugador o como creador, el caso es que emiten en directo. El hecho de añadir ese extra de seguridad a su día a día no les garantiza ganar la partida, pero sí les reduce la superficie de ataque en un entorno donde cada detalle cuenta.

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Ciberataques en los eSports y protección de los jugadores

Ciberataques y trampas: el lado oscuro de las competiciones

En un torneo de eSports de primer nivel una partida puede llegar a mover mucho dinero. Eso ha dejado la puerta abierta a una presión económica que facilita que se amañe partidos y otras formas de manipular resultados. La última década han salido a la luz varios casos de jugadores que aceptaban perder a propósito. Múltiples equipos han sido investigados por patrones de resultados sospechosos y ligas que se han visto obligadas a endurecer sus protocolos de integridad ​‍​‌‍​‍‌competitiva.

Que​‍​‌‍​‍‌ ciertas partidas “no casen” deje un mal sabor a muchos fans y preste a engaño a los que disfrutamos del espectáculo y la emoción de las competiciones al más alto nivel.

Pero el problema va a más. El uso de cheats y programas externos se mantiene como una amenaza constante en torneos online y ligas menores. En estos, los controles son menos estrictos y la tentación de “hacerse un nombre” a cualquier precio es mayor. Detectar estas trampas pasa por contar con sistemas anticheat más potentes, análisis de patrones de juego y colaboración activa con las comunidades para cazar a los que se saltan las normas. Cuanta más dificultad tienen para controlar lo que pasa en cada servidor, más dudan del juego que promocionan a bombo y platillo. Ahí los operadores tienen todavía mucho que demostrar.

DDoS, doxxing y acoso: cuando los ciberataques son personales

Más allá de las trampas en el juego, muchos profesionales tienen que lidiar con ciberataques que apuntan a su vida cotidiana. Uno de los más comunes es el DDoS: saturar la conexión del jugador con tráfico malicioso para dejarlo fuera de la partida. Esto es especialmente dañino en clasificatorias, ligas online o retransmisiones con miles de espectadores. Por muy poco tiempo que un jugador se desconecte, suele ser suficiente para que una partida clave acabe en derrota. Del mismo modo, la desconexión puede causar que un streamer pierda su público al no poder cumplir con sus expectativas de emisión.

Por si fuera poco, se unen el doxxing y el acoso organizado. Los dos tienen como objetivo sacar a la luz datos personales, domicilios o cualquier otro tipo de información. De esta forma pretenden intimidar o acabar con el silencio de jugadores o creadores de contenido. La mezcla de tener un perfil público, de vivirlo intensamente y de la posibilidad de ser anónimo crea un escenario perfecto para que las discusiones salten de las pantallas a la ​‍​‌‍​‍‌calle.

En​‍​‌‍​‍‌ un mundo como este, esconder tu IP, manejar varias identidades y poner muros entre tu vida personal y tu trabajo no son ya cosas que hagan unos especialistas por hobbie, son cosas que hacemos todos.

Herramientas de protección: del anticheat a la VPN

La respuesta a esta escalada de riesgos mezcla medidas de las instituciones con decisiones personales. Por un lado, las ligas y organizadores han puesto más ojito en sus sistemas anticheat. Por otro lado montan revisiones de log, usan cámaras y personal extra en sus eventos para controlar a los tramposos. Además, cada vez más, trabajan con expertos en datos para cazar al match-fixer. Profesionalizarse también es tener protocolos claros para quejarse, castigos a lo bestia y dar la cara cuando hay tongo para que el público entienda que la integridad del juego es cosa seria.

Por otro, los jugadores ya se empiezan a preocupar como si les fuera la vida en ello por su “higiene digital”. Cambiar las contraseñas a diario, poner la doble verificación, no soltar datos propios a saco en las redes y separar las cuentas con las que juegan de las que usan en su vida de a pie son ya cosas que todo el mundo hace. Y es aquí donde una VPN especializada en gaming encaja a la perfección. Y es que permite ocultar la IP real, añadir una capa de cifrado a todo el tráfico y hacer mucho más difícil que un atacante pueda enviarte ciberataques dirigidos a la conexión del jugador. En un entorno en el que un solo corte de conexión puede costar una temporada entera, esta protección se ve como algo más de la equipación básica.

Hacia una cultura de juego limpio y seguro

A medida que los eSports se convierten en un fenómeno de masas, ha quedado claro que el “fair play” no puede estar solo en la parte en la que se echan al que hace trampas dentro del juego. ​‍​

L‌‍a integridad competitiva abarca todo lo que rodea a la competición: desde la protección de los jugadores frente a ciberataques, hasta filtraciones y acoso masivo. Equipos, ligas, plataformas y comunidades están empezando a coincidir en que la seguridad no es un freno al espectáculo. Al contrario, es una condición necesaria para que el espectáculo pueda seguir creciendo.

En esta nueva etapa, la formación en buenas prácticas digitales para jugadores jóvenes es imprescindible. Al mismo tiempo, la aplicación contundente de sanciones por match-fixing y los cheats, y la incorporación de herramientas de protección como la autenticación multifactor o las VPS forman parte del mismo objetivo. El resultado de un encuentro debe depender del talento, la preparación y la estrategía. La capacidad para aprovechar una vulnerabilidad técnica o humana debería quedar en un segundo plano.

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Javier Gómez Yedro

Javier cuenta con un Máster en International Sports Management por ESBS, lo que le ha brindado un conocimiento integral en la industria deportiva. Su pasión por la tecnología y el deporte lo llevó a unirse al equipo de COMPETIZE, donde trabaja mano a mano con organizadores de eventos deportivos, instalaciones, federaciones y entidades públicas, ayudándoles a dar el salto hacia la digitalización en el ámbito deportivo. Además, como autor del blog de COMPETIZE, ofrece contenido variado y actual, fusionando tendencias de vanguardia con su amplio conocimiento en fútbol, baloncesto, eSports y más.

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